La primera vez que tuve una cámara en mis manos fue cuando tenía 14 años, estaba en secundaría. Mi tío nos visitaba desde Texas, tenía consigo una Pentax k1000, de cuerpo pesado y resistente; dijo que la encontró en un departamento abandonado, pues solía hacer mantenimientos en un lote de departamentos en Austin. Trato de venderla pero le ofrecieron tan poco que decidió conservarla.

Una tarde me ofreció la cámara para tomar una foto, le dije que no tenía idea de cómo hacerlo; así que me explico brevemente como lo hacía él. Aún recuerdo la primera foto que tomé, fueron unos girasoles en un envase de jugo como florero, el sol de frente aumentaba el brillo de sus pétalos.

Años después, logré hacerme de una k1000 y comencé a tomarle foto a todo lo que consideraba relevante, con algo de cuidado pues solo disponía de una cantidad limitada de tomas.
Mi primer “encargo” fue tomar fotografías de oficios. Salí a la ciudad, la cámara en mano, rollos preparados y recorrí calle por calle, logré encontrar imágenes impactantes, pero no estaba listo para tomarlas; uno debe estar preparado en todo momento, la imagen puede abordarte en cualquier ángulo, en cualquier momento. La mirada expectante siempre al acecho de lo cotidiano.